Este es el primer capítulo de una novela nunca desarrollada:
Bateria: Tu pa tu-tu pa Tu pa tu-tu pa Tu pa tu-tu pa Tu pa tu-tu pa
“Never thought I’d see her go away, She learned I loved her today, Never thought I'd see her crying, and I learned how to love her today, Never thought I'd rather die, Then try to keep her by my side, Now she's gone love burns inside me, Now she's gone love burns inside me, Now she's gone love burns inside me…”
Bateria: Tu pa tu-tu pa Tu pa tu-tu pa Tu pa tu-tu pa Tu pa tu-tu pa
“Never thought I’d see her go away, She learned I loved her today, Never thought I'd see her crying, and I learned how to love her today, Never thought I'd rather die, Then try to keep her by my side, Now she's gone love burns inside me, Now she's gone love burns inside me, Now she's gone love burns inside me…”
¡Black Rebel Motorcycle Club! ¡Me encanta esa banda! Parece que hubiera sido hace muy poco cuando estuvieron tocando acá en Bogotá. Recuerdo muy bien que fue en 2008. El mejor Rock al Parque que han hecho. La lluvia de esos tres días fue tan fuerte que incluso cancelaron algunos eventos del festival pero valió la pena haberse mojado de pies a cabeza ese domingo de noviembre. Creo que fue la última vez que hicieron el festival en noviembre.
¡También tocó Bloc Party ese año! Fue toda una experiencia: estos cuatro sujetos llegados de Inglaterra aparecieron en las pantallas gigantes con aspecto de todo menos de estrellas de rock, entraron al escenario con la mirada hacia el piso y apenas mencionaron un par de palabras antes de comenzar el concierto.
Cuatro sujetos que parecían haberse colado en ese escenario en donde apenas dos días atrás habían estado tocando los metaleros más mechudos, agresivos y gritones que uno pueda imaginar. Russell Lisack: un guitarrista escuálido con el pelo sobre la cara que no dirigía su mirada a otra cosa más que a la gran cantidad de pedales de efectos que tenía a sus pies.
Matt Tong, por otra parte, tocaba la batería con mucha fuerza y destreza pero no dejaba de ser irónico ver que esa interpretación viniera de parte de un chino de gafas que parecía más bien un experto en informática o tecnología. A Gordon Moakes basta con nombrarlo, bien puede disputar el premio al bajista más desapercibido de la historia. Como si no fuera un grupo suficientemente extraño y disparejo ya, eran comandados por Kele Okereke, el moreno guitarrista de pequeñas rastas.
Ellos no necesitaban ser extravagantes, no necesitaban maquillarse ni vestirse de alguna manera en especial, lo único que importaba eran las atmósferas envolventes que lograban con sus guitarras, los beats veloces y explosivos que se creaban con el bajo y la batería, y la grandiosa voz de Kele. Durante una hora una multitud saltó, bailó y pogueó sin descanso. Fue un éxtasis colectivo.
Ya la música de Black Rebel Motorcycle Club dejó de sonar y empezó una canción de reggae. El sonido de alguien golpeando en la puerta del camerino me ha sacado de mi fugaz retrospectiva pero la comodidad que me ofrece esta silla en que estoy sentado me tienta a no abrir. "¡Julián!", me grita alguien del otro lado, "Julián, ¡podemos coger latas de Red Bull gratis!" La verdad no me parece que una lata de Red Bull sea razón suficiente para pararme a abrir pero lo hago más bien para que dejen de golpear.
Abro la puerta y descubro que era Fabio quien golpeaba. Tiene latas de Red Bull en todos los bolsillos, tanto los de la chaqueta como los del pantalón. Mientras entra a dejar toda su adquisición me cuenta que han conocido a unas chicas de una banda mexicana. A mí lo que me intriga es porque trajo todas esas latas. "¿Te vas a tomar todo eso? Te va a dar un paro cardíaco en pleno concierto."
"¿Qué más da? Son gratis", me responde mientras sostiene la puerta abierta como esperando a que yo salga para poder cerrarla. Todo lo que le digo parece ser de la menor relevancia para él porque siempre reduce mis grandes cuestionamientos a la simpleza brillante de un par de palabras. En realidad no quiero salir de la tranquilidad de este lugar pero conociéndolo, lo mejor es acompañarlo y así evito un montón de preguntas y explicaciones.
Caminamos sobre césped, a lo largo de los improvisados pasillos de una gigantesca carpa de lona. El lugar está repleto de gente. Me imagino que deben ser músicos, periodistas, managers y demás. Veo algunas caras conocidas y algunas otras caras me miran como si me conocieran. Yo la verdad no quiero hablar con nadie y me limito a caminar tras Fabio, quien por su parte si saluda y habla con varias personas a su paso.
Al llegar a una de las puertas, Fabio abre sin avisar y entramos al que debe ser el camerino más lleno del lugar. Toda la gente está repartida en algunas sillas y en el piso. También están los integrantes de algunas bandas a quienes reconozco. En el sofá están mis otros dos compañeros: Alberto está sentado en el medio contando alguna de sus historias mientras muchos siguen atentos lo que dice y Nicolás, por su parte, está comiendo de la tabla de quesos y jamones del camerino.
"El es Julián", dice Fabio presentándome a dos mujeres. Una lleva el cabello corto, pintado de rubio y tiene un saco adidas gris, de estos que tienen capota y el logo antiguo puesto al frente de color azul. "¿Así que usted es Julián? ¿Pero donde andaba? ¿Dónde se había escondido? Soy Julia ¿Cómo esta? ¿Está nervioso?" Muchas preguntas para ser respondidas de una vez así que solo le devuelvo una sonrisa.
La otra chica tiene el cabello castaño un poco largo y lacio, y se presenta de una manera más concreta. "Cristina, un gusto". De inmediato he decidido que Cristina es quien me cae bien de las dos. Además de sus pocas palabras, me gusta como viste. Una camiseta de Buzzcocks, un saco negro de capota y un chaleco de jean. ¡Punk Rock!
Como siempre pasa en Bogotá con los extranjeros, todos les preguntaban a ellas dos por su país. "¿Qué tal la comida mexicana? ¿Cómo está la música en México? México está muy violento últimamente, ¿no es así?" Julia parece ser la portavoz oficial de la banda porque responde todas las preguntas como si estuviera en un magazine televisivo. Al escuchar esta improvisada rueda de prensa lo único que espero es que nadie vaya a hacer la clásica pregunta “Y ¿cómo les ha parecido Colombia?” No puedo explicar bien porque pero odio cuando alguien pregunta eso.
He decidido quedarme aquí de pie junto a la puerta, por si hay que escapar de repente. Para ocupar las manos tomó una lata de Red Bull ya que en este lugar también abundan y la destapo. Tomo un sorbo pero es suficiente para recordar porque no me gusta eso. Tiene un sabor particular que no disfruto en lo absoluto.
El no estar participando activamente de ninguna conversación se presta para perderse en ensoñaciones. Por unos instantes regreso de nuevo a ese festival de 2008 en el que pensaba hace un rato. Recuerdo estar completamente mojado y con un frio que se calaba hasta los huesos, en medio de la multitud. Desde donde estaba no alcanzaba a ver bien la tarima y me tenía que contentar con las pantallas gigantes. Allí estaba Robert Levon Been con su característico bajo de cuerpo hueco diciendo algo que se perdía a través de la distancia y el ruido de la gente. Caminaba hacia su amplificador, se acomodaba mejor su chaqueta negra de cuero como queriéndose cubrir del frio, tocaba dos o tres notas para probar el volumen y el tono de su distorsión. entonces comenzaba.
Puedo oír ahora mismo el riff de bajo de Whatever Happened to my Rock n’ Roll, como si estuviera sonando acá mismo, o mejor, como si yo estuviera de nuevo en ese concierto, siento el frio en los pies, el dolor en las rodillas y luego, en el momento en que grita "One, Two, Three, Whoo" y da entrada a la guitarra y a la batería puedo sentir un corrientazo pasando por mi espalda.
Eso me trae de regreso a este camerino lleno de gente y veo que siguen aún con las preguntas de México. Todavía tengo en mi mano la lata casi llena de Red Bull y la dejo en la misma mesa en que la encontré. Mi atención regresa de nuevo a la camiseta de Buzzcocks. Tiene un diseño muy llamativo y colorido pero no parece ser usada por una mujer sino por un niño debido a la delgadez de Cristina y a su poca voluptuosidad. Al estar observándola, puedo notar el momento en que saca una cajetilla de Marlboro rojo de su chaleco de jean y se lleva un cigarrillo a los labios.
Justo antes de encenderlo Cristina se ve recriminada por su compañera quien le dice que si va a fumar lo haga afuera. Sin decir nada al respecto se levanta de su silla y se dirige hacia donde yo me encuentro. "¿Me puedo robar un cigarrillo?" le pregunto, "Tal vez un poco de aire impuro me siente bien". Cristina se ríe y me ofrece uno, "Claro, toma". Mientras busca el encendedor se aleja del lugar en que estábamos y se dirige a la salida de la gran carpa.
Al salir enciende el cigarrillo y, sin apagar la llama, me ofrece fuego. Al expulsar la primera bocanada me pregunta "Julián… ¿listo para tocar?" Yo simplemente asiento, No es gran cosa. Cristina se ríe de nuevo. Luego de unos segundos de silencio vuelve a intentar otra pregunta, "¿y…cuántos años tiene?" Pienso que si lo que pretende es comenzar una conversación larga y tendida no fue la pregunta adecuada porque le contesto y todo vuelve a quedar en silencio: "21."
Tal vez aplicando eso de que la tercera es la vencida, Cristina vuelve a la carga: "¿Y… que hace? ¿Solo tocar en la banda o algo más?" ¡Vaya! Que pregunta más complicada ¿Qué hago? Pues dormir, comer, respirar… ¡muchas cosas! Pero sé que eso no es lo que quiere saber. Después de pensarlo por algunos segundos le cuento que voy a clases en la Universidad. "¡Ahh, está en la universidad! ¿Y que estudia?" ¡Mierda! ¡Qué embrollo en el que me he metido! Es algo muy complicado de explicar y un terreno en el que no me siento cómodo.
Sin embargo es bueno que Cristina haya preguntado eso porque ahora oficialmente hay conversación. Sin mayores reparos le cuento, solamente esperando que entienda y que no haya muchas preguntas de vuelta. "Oficialmente no estoy inscrito en la universidad. Simplemente asisto a clases que me parecen interesantes de cualquier carrera. Artes, Literatura, Historia, Sociología. Cuando salí del colegio no sabía que estudiar. De hecho no quería estudiar pero eventualmente el tedio y el desocupe me obligaron a esa opción."
"¡Padrísimo!" Es lo único que Cristina responde y sigue fumando. Al cabo de un rato me pregunta "¿Y sus padres que dicen?" "Nada", y es verdad nunca dijeron nada. Tal vez les bastó con que hubiera terminado el colegio y que aún estuviera vivo. En todo caso hace mucho no hablo con ellos. Igual no vivo con ellos. "¿En donde vive entonces?" "Con Fabio".
"¡Hablando de mí! Así me gusta". Como si hubiera sido invocado apareció Fabio tras nosotros. Siempre he pensado que debe tener el don de la omnipresencia. En donde menos lo esperas allí aparece Fabio. ¡Ha llegado a estar hasta en 5 fiestas en una misma noche! Al menos eso he oído. "Vamos, es hora de nuestra prueba de sonido", me dice agitando sus baquetas en el aire y sigue caminando. "Bueno, ahora hablamos Cristina", me despido mientras voy detrás de Fabio. "Bien, buena suerte", me responde ella agitando la mano.
Pasamos por unas cercas en donde hay personas vigilando la carpa y caminamos a través de un espacio dedicado a estacionar carros, camiones y buses. Por allí veo el bus en el que llegamos hace un rato. Luego de atravesar ese parqueadero improvisado llegamos a otra cerca en la que tenemos que mostrar los cartones con nuestro nombre que nos acreditan como músicos.
Al subir unas pequeñas escaleras nos hallamos en un gran escenario. Será el escenario más grande en que haya tocado y debo confesar que no deja de ser un poco intimidante. Allí ya esta Alberto conectando sus pedales y Nicolás afinando su bajo. Busco mi maleta junto a todas nuestras cosas y saco los 5 pedales de efectos que usaré hoy. Los conecto en el orden que en mi cuaderno esta anotado y los configuro siguiendo la instrucción que yo mismo alguna vez anoté.
Luego de esto tomo una de las guitarras que traje hoy, con la que comenzaré el concierto y la que usaré más. Es una Fender Jazzmaster de color gris con azul. Mi guitarra preferida. Justo cuando la vi en un almacén del centro supe que tenía que comprarla. Tiene un aire a las guitarras que usaba Sonic Youth o My Bloody Valentine, lo que me da seguridad.
Luego de afinarla y asegurarme de que tuviera el volumen correcto, la dejo en su soporte y me siento a un lado del escenario a esperar que Fabio termine de organizar su set de batería y así poder comenzar a hacer la prueba de sonido. En el escenario hay otra nevera de Red Bull y para matar un poco de tiempo voy a hacia ella y saco una lata. De nuevo la pruebo con disgusto y la dejo a un lado.
Ahora la música electrónica que sonaba por los bafles del lugar parece estar por acabarse y dirijo mi atención a la música. ¿Qué sonará ahora? "Hey! Been trying to meet you… uh, uh, uh, uhhhh…" De inmediato un sentimiento de nostalgia me invade mientras que los suaves acordes de Hey! de The Pixies empiezan a sonar. La paca de botellas de agua en la que me encuentro sentado parece atraparme y no dejarme mover.
Me inclino y llevo el rostro hacia las manos tratando de, por un instante, desaparecer de este lugar. "Hey! must be a devil between us or whores in my head, whores at my door, whores at my bed. But hey! Where have you been? If you go, I will surely die. We’re chained." Sarah aparece en mi mente y de nuevo me transporto a un evento pasado. Esa tarde de lunes festivo en que hicimos un picnic a las afueras de la biblioteca Virgilio Barco. El lugar estaba completamente vacío, parecía que la ciudad había sido evacuada. Solamente se oían los ruidos lejanos de buses y automóviles. Después de comer un sándwich de queso con tomates y pesto, y una lata de coca-cola nos echamos en el prado a mirar el cielo mientras atardecía. No recuerdo de que hablábamos en esa ocasión pero recuerdo el momento en que esta canción de The Pixies sonó en el celular que ambientaba la tarde. Fue en el momento en que un avión pasó dejando una estela en el cielo y lo vimos hasta que se perdió en el horizonte.
"Julián, ¿estás bien?" Es Alberto quien se ha acercado a traerme de regreso a la tarima. "Sí, estoy bien". "Dale, vamos a probar sonido ya!" Es lo que me dice antes de alejarse hacia el otro lado del escenario en donde tiene su guitarra. Con mucho esfuerzo, tomo una bocanada de aire y me paro. Tomo mi guitarra, saco un pic de mi bolsillo y comienzo a rasgar las cuerdas. Por los bafles suena una voz que dice "Chicos, toquen una canción y vamos cuadrando." Fabio grita "¡Vamos! ¡La primera de la lista!" Y marca el tiempo golpeando sus baquetas una contra otra. Tick, tick, tick, tick.
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