La verdad yo no oí nada, solo salí de mi habitación y vi que todo estaba destruido. Todos decían que había estallado una bomba. Lo que no cuadraba era que en ese barrio tan insignificante hubieran hecho un atentado terrorista.
En efecto, todas las ventanas estaban rotas, y muchos muros habían caído. Toda la gente salía a las calles a mirar que tan destruida estaba su casa. Lo decepcionante era que no había ningún herido, aparentemente.
Movido por la curiosidad, monté la bicicleta y empecé a recorrer el barrio para ver cómo estaba todo. De repente apareció un personaje que me tumbó de la bicicleta y se la llevó. ¡Maldita sea! Empezaron a saquear y a robar.
Primero iba a unirme a esta ola de saqueadores, pero recordé que tenía cosas en mi casa que apreciaba mucho, más que cualquier cosa que hubiera podido robar, (¿Cuáles? No recuerdo) además, mis viejos estaban solos en casa.
Corrí y busque mi viejo bate de béisbol, el mismo que compre cuando Rentería había ganado la serie mundial con los Marlins de la Florida. Desde ese momento la realidad se volvió como un videojuego y empecé a matar personas con mi bate. Un golpe certero a la cabeza y ya.
Pensándolo bien era divertido.
Salí a buscar a quien batear a otras calles. En el parque de la esquina vi a mi tía caminando, como si nada pasara. De repente, un personaje encapuchado entró corriendo a la escena y le robó su bolso. Lo perseguí y lo alcancé pero no lo quise golpear. Solo tenía curiosidad por ver quién era.
Evidentemente, Laura es el personaje que mi subconsciente utiliza cuando necesita representar al crimen.
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