Mierda, ¿me morí?
Siempre había pensado que uno cerraba los ojos y adiós, se acababa todo, pero fue insoportable tener que ver lo que pasaba después. Ahí vi a mi familia llorando mi muerte. Cuando dijeron que yo era importante para ellos, tal vez tenían razón.
Mi mama me dijo que si no creía en dios que me iba para el infierno, donde el patas de cachos y cola. Pero esto era peor que eso, tener que ser espectador de esa escena tan indeseable, la propia muerte.
Hablaba y nadie me oía, y me era imposible tocar a alguien o algo. En ese momento fue cuando pensé que debía estar en un sueño, entonces decidí despertarme. Generalmente puedo decidir cuándo acabar un sueño, pero esta vez no funcionó, volví a abrir los ojos y seguía ahí, muerto.
Después de un rato todo se volvió normal, igual ya estaba muerto, ya no podía hacer nada, entonces la única era llevarla con calma. Cuando ya me estaba acostumbrando a estar muerto me desperté, pero no asustado como cuando se tienen pesadillas sino recalcándome a mí mismo: “si ve!, era un sueño!”.
Ese día tomé un café de desayuno, fui a la universidad, monté en bicicleta y fui espectador de muchas cosas. Ahora que lo pienso no participé en nada, como de costumbre. Vi a mi mama en sus quehaceres, vi a mis colegas hablar y reír, vi a los conductores insultándose unos a otros.
Al final del día volví a la cama pensando “Que feo ver el mundo y no poder interactuar en él, no poder interactuar con él, ver a los seres queridos preocupados por uno, pero no poder decirles nada. Que mierda estar muerto”
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