miércoles, 27 de junio de 2012

Grocery Store



Entré a una tienda Sainsbury buscando algo para comer. Luego de verme a mí mismo en una pantalla de seguridad, revisé  cuánto dinero tenía 
en mis bolsillos y, como de costumbre, no eran más de dos libras. Me dirigí, entonces, a la sección de galletas y dulces en donde siempre encontraba un paquete de galletas con chips de chocolate a 60 centavos. Eso y una cerveza sería suficiente para cenar pero recordé que en Sainsbury siempre me pedían identificación y no la tenía conmigo.

Pagué las galletas, salí de la tienda y fui a la grocery store que quedaba en frente en donde era cliente frecuente. Estaba haciendo un frio impresionante y mientras esperaba a que el semáforo cambiara pensé: “Que mala idea usar unos tenis de tela hoy”. Entré a la tienda, busque una Foster’s, la pagué con muchas monedas de a centavos y me fui.

Cuando caminaba de regreso a casa recordé que tenía unos libros que me habían prestado y, como no tenía nada más que hacer, decidí ir a devolverlos. Cuando pasé por la estación de Stamford Hill ya se había acabado la cerveza y el paquete de galletas iba por la mitad entonces prendí un cigarrillo para la parte del camino que me quedaba por recorrer.

Llegué a la casa a recoger los libros pero recordé que ya no tenía bicicleta, entonces le pedí a Ibrahim que me prestara la suya. Lo que me respondió fue: “¡¿Va a andar en bicicleta con este frío?!” Pensé en explicarle que no tenía dinero para un tiquete de bus y que caminar sería peor alternativa que andar en bicicleta, pero solo le dije: “Si”.

Entonces pedaleé hasta la estación de Manor House. Podrían ser las 7 o las 8 de la noche pero todo estaba tan vacio y silencioso que parecía mucho más tarde. Cuando respiraba mi aliento se veía tal cual como humo y los músculos se contraían. Paré un momento a ponerme los audífonos y escoger alguna canción, entonces pensé: “Mmm… que tonto, no me cambié los tenis”.

Me dirigí hacia el norte por Green Lanes, pasando por el límite de Finsbury Park, en donde todo seguía muerto. Luego entré al distrito de Haringey en donde algunos restaurantes y tiendas abiertas daban un poco de vida. Usualmente había mucho tráfico en esta calle a esa hora, pero en aquella ocasión todo estaba solo.

Sonaba Read my Mind de The Killers cuando llegué a Turnpike Lane. Atravesé un parque repleto de hojas y, aunque no lo oía, me imaginaba el sonido que generaban las llantas de la bicicleta al pasar sobre esas hojas secas. Luego de mirar con cuidado todas las puertas de esa calle, encontré la casa en donde vivía George.

Cuando timbré, me abrió Nick quien me hizo pasar y me ofreció algo de tomar. Otra Foster’s. Me contó que estaba solo en casa, con su novia. Le conté que venía a entregarle unos libros a George: Fiesta! De Hemingway y Do Androids Dream of Electric Sheep? de Philip K. Dick. Me dijo que esperara a George pero le dije que me tenía que ir, que era uno de mis últimos días en la ciudad y que tenía que alistar cosas. En realidad no tenía que hacer nada, sentarme en el patio tal vez.

Era la última vez que lo veía, entonces me despedí. Le dejé a George el mensaje de mi despedida. Había sido un buen amigo, por el tiempo que lo conocí y no sabía si lo volvería a ver alguna vez. Me volví a poner los audífonos, volví a escoger Read my Mind y empecé a pedalear.


No hay comentarios:

Publicar un comentario