Siempre he sospechado de ella. Cualquiera lo haría de alguien que roba a sus padres, hace cambios deshonestos en la escuela, se refiere a su abuelo como pirobo o inventa las situaciones más descabelladas solo para meter a otros en problemas.
Ella siempre ha disfrutado la desgracia de los demás, al menos eso parece. Es alguien muy difícil de descifrar. Una vez me confesó que su sueño es asesinar a alguien, ver como la vida se va de una persona en forma de líquido rojo y tibio, y ver como suplica por su vida, en vano, por supuesto. Desde esa vez he intentado no estar sólo con ella, me aterra.
No supe cómo llegaron esas pistas a mis manos, al parecer yo había descifrado un código criminal de gran valor. Era un juego de anagramas y palabras en clave que ahora no recuerdo, pero que me develaban que ella lo iba a asesinar esa misma tarde.
Corrí lo más rápido que pude, pasé por la misma calle una y otra vez, luego pasé por las calles de mi barrio las cuales, extrañamente, se conectaban con lugares lejanos, en el espacio y en el tiempo. El centro de la ciudad, la cuadra donde solía vivir mi abuela hace mucho tiempo, la playa, mi primer colegio y demás lugares donde no recuerdo haber estado.
Finalmente llegué al apartamento donde él vivía. No había estado ahí jamás, pero sabía que ahí vivía. Rompí la puerta al estilo de los policías de película, pero ya estaba muerto. Un balazo en la cabeza, una escopeta y una carta. Ya no servía de nada llorar porque ya estaba muerto.
Ahora no tengo como comprobarlo, ella sigue campante y sonriente por el mundo sin que nadie pueda comprobar alguno de sus crímenes, pero sé que fue ella. Sé que logró cumplir el sueño del que alguna vez me había hablado. Sé que Laura mató a Kurt Cobain.
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