jueves, 15 de septiembre de 2016

Con cariño, Carlos Barat

Como todos los viernes y sábados de ese mes, llegué a Camden Street un poco antes de las 11 de la noche, pedaleando bajo la helada brisa del invierno británico. En el transcurso de 3 horas cada día, alimentaba mi envidia y resentimiento por estar parchando por el mítico Camden Town de esa manera: repartiendo volantes, mientras todo el mundo pasaba bien loquito. 

Llegué hasta Barfly a recoger el paquete de volantes que tendría que entregar hasta las 3 de la mañana, y me asignaron mi lugar de repartir: el puente cerca a Camden Lock. Puta mierda, el único lugar más frio que el resto, porque era al lado de un canal, y me tocaba a mi. Antes de salir revisé si esa persona que buscaba ya se encontraba por ahi, pero no tuve suerte.

Apenas salí, me dirigí hacia donde un finés que repartía volantes para otro bar, a quien había conocido semanas atrás. El man la tenía clara: se paraba al lado del muro de Amy Winehouse, uno de lo lugares más concurridos, y con la apariencia de repartir volantes vendia yerba, perico y pepas. Debido a que ese día no tenía ánimos de repartir ni mierda, le pedí que me compartiera unos plones y nos quedamos viendo como, en medio de ese frio, pasaban adolescentes con minifalda y como de vez en cuando se asomaban cabezas a través de las ventanas de limosinas para vomitar.

A pesar de que necesitaba las 15 libras que me pagaban para sobrevivir esa semana, mi plan se centraba en encontrar al guitarrista que haría un DJ set esa noche en Barfly, y pedirle que firmara el vinilo que había comprado de segunda apenas supe que daría su show en ese lugar. No podría regresar antes de las 3 o mi pago estaba en riesgo, por eso boté los volantes en una caneca cercana y le ayude un rato al amigó finés en sus ventas.

Cuando dieron las 3 mi consciencia estaba bastante alterada, pero a pesar de eso decidí ir a cobrar mis 15 libras y ver si habia oportunidad de concretar mi plan. A pesar de la fila enorme que había para entrar, el man de seguridad me dejó entrar ya que de seguro me recordaría como el indio o paki que repartía volantes.

Allí en una mesa, echando polas con otra gente, estaba como lo que es: un ser humano común y corriente. Saqué mi copia de "Up The Bracket" de la maleta, me acerqué como si fuera un viejo amigo y le pedí que firmara mi copia. Tal vez al oir mi acento sintió curiosidad y me preguntó por mi proveniencia: "Colombia". Al parecer esto también le generó curiosidad, o tal vez le pico la nariz, y sostuvo un corta pero amena charla por unos minutos, para luego dejar sus palabra en mi vinilo: "Con cariño, Carlos Barat".


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