domingo, 7 de septiembre de 2014

Puto Lobo Negro

Hace muchos años, cuando era muy pequeño me aventuraba a andar en un espeso bosque, uno muy oscuro y misterioso. Solía hacerlo cada noche, después de ir al colegio, de jugar y de ver televisión. Ya de noche, cuando todo se ponía oscuro, me adentraba en ese bosque y pensaba en muchas cosas. En una noche de esas me encontré a un puto lobo negro.

Era horrible y me asustó tanto que me puse a llorar. Mi papa me escuchó y fue a ver que me pasaba. Al oirlo el lobo se fue, pero le conté que me lo había encontrado. Él, con toda naturalidad, me dijo que ese lobo asustaba a mucha gente y que se la pasaba merodeando por ahí. "Solo no piense más en eso" fue lo único que me dijo.

Sin embargo el puto lobo me comenzó a seguir a cualquier lado a donde iba. Cuando iba a estudiar, cuando leía, cuando acompañaba a mis papas a alguna visíta, en todo lado estaba ese puto lobo negro. Por muchos años le temí y trataba de hacer como que no existía. Ya siendo un poco más grande me cansé y decidí enfrentarlo.

Resulta que el puto lobo negro era muy inteligente. En vez de asustarme, empezó a causarme fascinación. Durabamos largas horas hablando, era brillante y muy convincente. Sin embargo todo lo que me decía era tan oscuro como su pelaje. Alguna vez me convenció de que toda la gente era imbécil y que debía odiarlos a todos. En otra ocasión aseguró que yo no podría ser nada en la vida porque era colombiano y pobre. Incluso llegó a afirmar que nunca podría amar a nada ni a nadie.

En un punto ya no quise hablar más con él porque me empezó a convencer de que vivir era un sinsentido, un esfuerzo inútil y que la vida no era más que una carga. A pesar de que sus argumentos eran irrefutables, no me gustaba pensar en la escena de mi familia llorando mi muerte, entonces volví a ignorarlo. Pero el puto lobo negro sigue ahí, acechando en todo momento y lugar. Se mete a mi cuarto cuando suena Julio Jaramillo o Arcade Fire y suelta unas carcajadas cuando camino solo y veo gente feliz en un día de sol.

Puto lobo negro, se para en la puerta de la casa cuando quiero salir y me toca quedarme en casa echado mirando al techo. Puto lobo negro, empieza a aullar cuando voy a trabajar. Puto lobo negro, no deja de ladrar cuando trato de estar en paz. A veces se va un rato si lo ignoro, pero siempre vuelve a regresar más puto y más negro. Puto lobo negro.

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