lunes, 26 de agosto de 2013

El Antiguo Kirlibang

A este bar se le llamaba el antiguo Kirlibang porque de hecho ese había sido su nombre por mucho tiempo, pero a los dueños les había dado por cambiárselo a pesar de que seguía siendo exactamente el mismo lugar. Por eso no valía la pena llamarlo de otra manera. Era un buen sitio, llegaba uno a la esquina de la carrera 13 con 53, en donde había un almacén Éxito, y se dirigía a una puerta pequeña sin letrero que lo llevaba a un segundo piso. Allí un escenario y una mesa de billar estaban listos para ser utilizados. 

De hecho era un lugar ideal. Quedaba en pleno Chapinero a donde a todo el mundo le quedaba fácil llegar. La cerveza era más barata que en otros bares y nunca se cercioraban de que la gente no entrara su propio trago. Teniendo un almacén tan grande al lado, ni siquiera era necesario comprar nada. Entraba uno sin dinero al Éxito pero salía con botellas de aguardiente entre los bolsillos de la chaqueta. Era casi que un ritual.

En este sábado de toque, había una diminuta multitud parada alrededor de la pequeña puerta. Ya se repartían los primeros tragos de la noche y el humo de cigarrillo aromatizaba el aire. Después de esas largas vacaciones toda la gente estaba ansiosa de música, pero de rock. Es que ese ambiente solo daba para eso. Esta ciudad tan lluviosa, tan gris (pero no en una forma triste, sino sobria más bien) no da para más. Cualquier otro tipo de música es un vil intento por escaparse de la realidad, pero ¿para qué escaparse?

¡Esa ligera llovizna, esas paredes sucias, esos buses tan feos, esa vulnerabilidad que se siente en esta ciudad son tan sabrosos! Es como una tristeza, un sentimiento miserable en el que uno se deleita. Es como cuando cuando Kurt Cobain cantaba “I miss the confort in being sad”. Casualmente era Aneurysm de Nirvana lo que sonaba de fondo. Ya una banda estaba haciendo prueba de sonido, calentando la noche con esa canción: “Come on over and do the twist, ahh!!!... over do it and a have a fit, ahh!!!... Love you so much it makes me sick, ahh!!!... 

En esa esquina estaba Andrés esperando. Muchas caras eran conocidas, todas esas personas que uno ha visto en toques y que ya reconoce pero que nunca ha saludado. Es que Andrés no era de esa clase de personas a las que les gustaba saludar. La única forma en que conocía gente era cuando lo presentaban, de resto no. Siempre permanecía absorto en sus propios pensamientos.

Alejandro había dicho que venía a este toque, esa iba a ser su compañía de esta noche, pero ya tenía como una hora de retraso. Eso no es raro, en esta ciudad cada quien llega cuando se le da la gana, pero ya había sospechas de que no llegaría. Pues, ¿qué más se puede pensar cuando uno llama y no le contestan?

Ese Alejandro lo que era, era despistado, disperso, mejor dicho distraído. Entre las opciones más probables de su ausencia esta noche estaban que se le hubieran robado el teléfono, que lo hubiera perdido, que le hubiera dado pereza venir o que se le hubiera olvidado. Que lo hubieran matado no, en estas historias nunca matan a nadie.

De todas maneras había que entrar al toque ya habiendo llegado ahí y al parecer Unheads iba a tocar en esa ocasión por lo que Andrés decidió quedarse esa noche así fuera solo. Mientras la gente entraba había tiempo de fumar un cigarrillo más y oír alguna canción. L.S.F de Kasabian fue lo que empezó a sonar en el modo shuffle del celular, una canción apropiada para quedarse observando a toda esta gente, Lost Souls Forever.

La banda que estaba tocando Nirvana más temprano empezó a tocar lo mismo de nuevo, cosa no muy acertada. No eran muy buenos en verdad, una banda para quedarse sentado con la cerveza pensando en lo que podrían mejorar. Pero se les perdonaba, eran bien jóvenes aún. 

Sin duda esta iba a ser una noche más de grunge que otra cosa. Ya habiendo pasado por Aneurysm se dedicaron a tocar unos caóticos temas propios y otras accidentadas versiones de Nirvana. “Sería un gracioso contraste en caso de que Unheads tocara esta noche, porque ellos si llevan un montón de tiempo tocando”. Pero gente de esa banda no se veía por el bar todavía.

Otra banda se subió al escenario, mientras Andrés en la última mesa del bar, al lado de la escalera, pedía más cerveza. Eran un poquito más crecidos, pero tal vez eso era bueno. Antes que saludar empezaron a tocar un riff conocido. ¿Qué sonido era ese? Un tanto nostálgico y un poco melancólico pero en forma amigable a la vez. Apenas para acordarse de que se está sólo. 

“¡Mardy Bum, que buena canción!” De repente Andrés notó que ya no estaba solo en la mesa. ¿Quién era esa persona que hacia tan buenos juicios en voz alta? Era una cara familiar, era una cara bonita. Pero, ¿de donde era esa cara? “Hola, tu eres de la Nacional, ¿no?, ¿Estás es la clase de Literatura Colombiana?” “Sí, yo voy a esa clase”  respondió Andrés.

Ya era obvio donde había visto esa cara. Era una de las compañeras de esa clase. Era una de las extranjeras que estaban en esa clase. “Hola, me llamo Sarah” “Yo soy Andrés, Mucho gusto”. Eso sí que había sido un suceso extraño. No todos los días se conoce a una mujer linda de esa manera. Pero no se podía pensar en eso en esos momentos. Era tiempo de disfrutar la canción. De todas maneras, la idea de caerle, o mejor dicho, de cortejar a esta recién conocida no estaba en los planes de Andrés. “De seguro ahora entran las amigas, o el novio… o la novia” fue lo único que pensó.

No siendo lo más agradable para Andrés, la recién llegada interrumpía frecuentemente la canción: “No sabía que Arctic Monkeys eran famosos acá”, “Si lo son. Al menos entre la gente a la que le gusta el rock” respondía Andrés, de forma tajante queriendo oír la canción. La joven insistió sonriendo: “Soy inglesa”. Allí la canción dejó de ser tan importante. De repente Andrés mostró interés por su interlocutora, pero más que por ella, por su proveniencia. 

Es que Reino Unido siempre había causado una gran fascinación en Andrés. The Clash, The Libertines, J.M.W. Turner, Oasis, Queen, Blur, William Blake, Buzzcocks, The Sex Pistols, The Cure, Lord Byron, Joy Division, Arctic Monkeys, Charles Dickens, The Smiths, Muse y está bien, digámoslo, The Beatles.

Por algunos segundos Andrés solo se quedo observando el rostro de esa joven, tratando de hallar en sus facciones y en su mirada alguna evidencia de esas tierras. Se mantuvo serio, con el ceño casi fruncido como un investigador que se enfrenta a una serie de pistas. Sarah por su parte mantenía la sonrisa con la que había llegado, primero porque creía que esa era la mejor carta de presentación (aún más cuando se es extranjero) y segundo porque encontraba gracioso ser el objeto de tan detallada observación.

¡Qué chévere! Fue lo que Andrés dijo, la introducción perfecta para un intercambio de preguntas y respuestas típicas de cuando se conoce a alguien. Después de un rato los dos parecían satisfechos de la conversación. Sarah encontraba encantadora una visión tan desorientada y nihilista de la vida en una voz tan débil y calmada. Él por su parte simplemente estaba a gusto con una cara bonita y un acento extraño. 

Sarah Richmond estudiaba algo que traducido al español sería Estudios Culturales y había decidido hacer un semestre de intercambio en Bogotá porque había estudiado español con una señora bogotana hace un par de años. Según ella, el español de Bogotá era muy fácil de entender.

En un punto la conversación llegó al “¿Y viniste sola esta noche?”. Resultaba que sí. Los anuncios del toque en la universidad habían sido la invitación perfecta para una salida nocturna. “Bueno, no es la primera vez que salgo de noche” contaba Sarah de forma pausada, tratando de no cometer ningún error gramatical, y recordando palabras de vez en cuando “Recién llegué me han invitado a una fiesta pero no me ha gustado mucho. Supongo que querían enseñarme algo de música latina, pero yo conozco un poco y no me gusta mucho. La salsa si me gusta pero no el reggaetón o el… ¿Cómo se llama? ¿Vallenato?"

“Si, vallenato” contestaba Andrés asintiendo. “Pero algunos vallenatos no están mal”. Sarah solo alzo los hombros como quién no tiene nada más que decir. La banda que tocaba ya se despedía y anunciaba una última canción. La gente aplaudió y se paró de sus mesas ante los primeros acordes de Walk de los Foo Fighters. En ese momento Sarah hizo su primer gesto de desacuerdo en la noche. “¿Qué pasa, no te gusta Foo Fighters? le preguntó Andrés notando el cambio en su rostro. Después de intentar fallidamente la respuesta un par de veces Sarah se decidió a contestar “No que no me gusten. ¡Es que son tan populares! Creo que tienes que tener cosas que no te gustan y ese es buen… ¿cómo puedo decir?... ¿parámetro?"

“Si, parámetro. Pero ¿Cuál es?” preguntaba Andrés inseguro de si seguía la idea correctamente. “Ser muy popular. Creo que cuando una buena banda es conocida por pocas personas es cool, pero cuando es conocida por muchos, no lo es”. Andrés se apresuró a preguntar de vuelta “¿Y acaso Arctic Monkeys no es popular?” Sarah se quedo pensando pero no supo que responder.

En ese momento apareció la gente de Unheads, cantando Walk mientras subían las escaleras, con sus instrumentos al hombro y saludando gente conocida por el camino. Andrés fue el primero en saludar, de hecho. “I never wanna die, I never wanna die, I never wanna die, I'm on my knees, I never wanna die, I'm dancing on my grave, I'm running through the fire, Forever, whenever, I never wanna die, I never wanna leave, I never say goodbye, Forever, whenever, forever, whenever…”

Mientras la banda preparaba sus instrumentos y hacía una corta prueba de sonido, Andrés y Sarah hablaron un poco sobre esta banda y en general sobre bandas de Bogotá. “A ellos los conocí, porque hemos tocado un par de veces juntos”  decía Andrés. “¿Entonces estás en una banda?” preguntaba Sarah mientras golpeaba la mesa con sus dedos, tratando de llevar el ritmo de Crawl de los Kings of Leon, que era lo que ponían en ese momento en los bafles del bar.

“Si… pero no somos muy buenos. Hace mucho no tocamos en público. Mis compañeros decidieron que sólo teníamos que ensayar, mientras componíamos más canciones y grabábamos un demo”. “Cool!” fue todo lo que respondió Sarah mientras miraba al escenario. Sin decir nada, la banda hizo que todo el mundo se parara de las mesas cuando empezó a tocar el enérgico riff de “Sleep Now in the Fire” de Rage Against the Machine. Esa descarga anima a cualquiera. Sarah tomó la mano de Andrés y lo condujo al frente del lugar, justo para estar en primera fila. 

Un breve saludo fue antesala de otro cover. El bajo comenzó con una línea simple pero llena de tensión a lo que rápidamente siguieron las guitarras y la batería. “Got me a movie, I want you to know, slicing up eyeballs, I want you to know, girlie so groovy, I want you to know, don't know about you but I am un chien andalusia” Todas las personas se limitaban a hacer un headbanging un tanto displicente sólo mostrando cara de aprobación, inapropiado para la energía en el ambiente que ofrecía Debaser de Pixies. 

De repente Sarah empezó a bailar, sus movimientos eran un tanto desorganizados y erráticos pero a pesar de eso se veía genial. Se notaba totalmente despreocupada de juicio alguno, solamente se dejaba caer y saltaba cada tanto como si el ritmo la sostuviera. Andrés sin dudarlo se unió a esa celebración del caos y por un instante recordó a una niña que dejó de salir con él porque no sabía bailar. Una experta en salsa, tango y otro montón de ritmos para bailar que ahora parecían ridículos e innecesarios. También recordó a los Ramones y su filosofía de No necesitas saber hacerlo, solo hazlo. Algo curioso de Andrés era que frecuentemente establecía relaciones entre cualquier cosa y los Ramones.  

Cada vez que se acababa una canción, en medio de los aplausos y gritos de la gente se oía la voz de Andrés gritando “¡Alone With Myself! o “¡My Friend, The Pshyco!””, sus canciones favoritas, con lo que demostraba al grupo y a su nueva amiga que conocía el trabajo de la banda.

De seguro esas canciones sonaron en algún momento, pero en medio de esa festividad nadie las supo reconocer. Todos los riffs de guitarra y todas las líneas de bajo parecían igualmente emocionantes y todos los golpes de redoblante conmovían el sentido. Por una noche, una extranjera enseñó a festejar y a gozar a unas personas del “país más alegre del mundo”. 

Ese día, como siempre, todo termino en medio de unos últimos tragos de aguardiente que intentaban calentar un poco el frio de la madrugada, con la decepción de la fiesta que se acaba y el desconcierto de no saber cómo regresar a casa. Algunos pocos afortunados se iban a terminar la noche acompañados pero Andrés no fue uno de esos. Sarah se despidió y paró un taxi justo después de que habló de diligencias que tenía que hacer a la mañana siguiente. Por unos instantes Andrés se quedo mirando el taxi mientras se alejaba por la carrera 13 y sonrió cuando una mano salió por la ventana y arrojó un cigarrillo encendido.

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