jueves, 13 de septiembre de 2012

¿Y a mi que me importa?

Subí a un Transmilenio a las seis de la tarde y, como era de esperarse, iba completamente lleno. Las personas se daban violentos empujones, tanto para salir como para entrar al bus, y el cierre de las puertas ocurría al mejor estilo japonés: La gente que quedaba dentro de la estación empujaba con todas sus fuerzas a los que habían podido colocar si quiera un pie al interior de esa gran máquina roja. Habría esperado un poco más de tiempo en Teusaquillo, hasta que se pasara la hora pico, pero quería llegar lo más pronto posible a mi casa porque, irónicamente, no quería ver más rostros humanos por ese día.

En medio del incómodo tumulto encontré un rostro hermoso. Por un momento pensé que el transporte público sería mejor si todas las personas que lo usaran fueran tan bellas como ella. No pude evitar quedarme mirándola y no se en qué momento olvidé lo incómodo que puede resultar ser observado de esa manera. Empecé a sentir rabia: "¿Por qué existen personas que son tan hermosas y otras  feas? ¡No es justo! La vida es mucho más fácil cuando eres hermoso. Todo el mundo te quiere. Te quiere como amigo, quiere tener sexo contigo, quiere hablarte, quiere robarte, quiere matarte. Te quiere. Alguien hermoso nunca será ignorado. ¡No es justo!. Aunque, bueno... la vida no es justa. La vida es una mierda. Si eres feo la vida es una mierda.

En ese punto ya le odiaba y le seguía mirando fijamente, pero ahora no con admiración sino con una especie de resentimiento. Pensé que lo peor de la gente hermosa es que parecían no darse cuenta de que eran hermosos por casualidad, por un azar de la vida. Andaban por la vida desdeñando y rechazando a los demás como si fueran responsables de su propia belleza... Malditos!!

Pensaba en la posibilidad de formular una teoría política de corte estalinista en la que los destinados a ser  eliminados fueran, precisamente, los hermosos. Incluso pensé en la viabilidad de promulgar una ideología de matices fascistas en la que, por medio, de la eugenesia se erradicara a los feos de la faz de la tierra (como toda esta gente apretujada en el bus) así los hermosos, que ahora serían todos, no tendrían a quien menospreciar.

Mientras pensaba en todo esto la seguía mirando incesantemente. De repente su mirada se cruzo con la mía y así se quedó un buen rato. "Ni pienses que voy a dejar de mirarte maldita hermosa" pensaba cuando ella rápidamente miro hacia otra parte. Sin embargo, inesperadamente, me volvió a mirar y me dijo: "Tengo novia" con el mismo desdén y desprecio sobre el que yo estaba pensando.

"¡Y a mi que me importa!" le dije, tratando de demostrarle el rencor que sentía por ella (iba a escribir el menosprecio pero no... no se puede menospreciar a una persona hermosa). "Imbécil", se apresuró a responderme, con una expresión en su rostro que me convenció de que ella si era mejor que yo. No sé por qué motivo eso me agrado. Entonces, sin quererlo, sonreí, siempre con la mirada puesta en su rostro. Ella por su parte no cambio su gesto y tuve que dejar de mirarla.

2 comentarios:

  1. me causa curiosidad si todo esto es mezcla fantástica o la mera verdad...

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    1. Hola!... diría que es ficción inspirada en un acontecimiento :)

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